Mostrando entradas con la etiqueta vida. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta vida. Mostrar todas las entradas

miércoles, 4 de febrero de 2009

Reeducació

El petit J te certs problemes amb la orientació espacial i temporal. És per aixó que, des del gener, va començar a fer el que s’anomena, omniosament, “reeducació”.
Rere aquest terrible nom, però, hi ha un simple exercici de repetició i associació de, per exemple, les diverses estacions amb els mesos de l’any que els corresponen. O també la relació d’aquests mesos amb dates memorables, com ara aniversaris o festes diverses.
Tot i que està progressant molt i molt bé, hi ha una data que li costa més de recordar que les altres, la de la festa de la Mercè. En paraules de la reeducadora, aixó potser ho causa el fet que el petit J no “viu aquesta festa”. Que no la “viu”? La resta de festes de les que parlen, se “celebren”. Nadal, Carnestoltes, Sant Joan, el dia del pare... Però la Mercè es “viu”...
Aquesta diferència de vocabulari, en aparença innocua, probablement és un simptoma de la feina d’uns altres reeducadors, molt més subtils, que han reeducat la reeducadora. I directament a casa seva.

miércoles, 21 de enero de 2009

Podria usar un tòpic en llatí com a títol

“No m’he emborratxat mai”, deia trist el meu amic J. “¿T’ho pots creure, a la meva edat?”
La veritat es que a mi em va sorprendre. El J no és precisament una Gogó eivissenca, però com que la relació social sempre ha estat un dels seus punts forts, un s’imagina que, amb més de 50 anys, és possible que hagi begut massa en alguna festa...
Però no.
El meu amic M, que pel to tampoc no s’havia emborratxat mai, va dirigir-li una mirada severa. “Ja em diràs, quines ganes”.
I el J, somrient i abatut, va contestar que “Sí... I a més la meva medicació no es pot barrejar amb alcohol. He fet tard.”
Jo era el més jove de la conversa, i no vaig poder evitar de pensar en el meu “despertar” en societat, fa uns dos o tres anys. Abans, com el J, m’havia perdut coses de la vida, tan estúpides com les borratxeres que ell desconeix. Però vaig començar a fer més coses. Ja me n’he perdut moltes, però espero que amb el temps hagi de lamentar perdre’m menys i menys experiències.
Ara, la pregunta clau:
¿I vosaltres, què?

lunes, 19 de enero de 2009

Las razones divinas

En Roma han prohibido el análogo italiano a la campaña pro-ateísmo de la que hablaba hace unas semanas. Se trata de un eslogan mucho más agresivo, que querían destinar a los autobuses que pasan cerca del Vaticano, y no peca del defecto que le encontraba a la versión española. Dice “La mala noticia es que Dios no existe. La buena es que no lo necesitas.”
Aunque no puedo encontrarle errores formales al mensaje, claro y directo, de algún modo irracional, como creyente, me repele. Y, al leerlo, mi cerebro identifica como concepto erróneo eso de que no necesitas a Dios. “Dios es necesario, cientos de culturas lo avalan” me he dicho, “y en el artículo de hoy enumeraré las razones”.
Pero, ah, el límite de mil caracteres me impide anonadar a mis lectores con mi larga y exhaustiva lista.
Y pobre del que se le ocurra decir que no se me ha ocurrido ninguna razón sobre la necesidad de Dios. Porque no ha sido el caso. No señor. No he reflexionado sin llegar a ningún resultado.
¿No seria muy triste?

sábado, 17 de enero de 2009

Magnitudes

Ayer me dirigía a un tanatorio, a acompañar a amigos míos que han perdido hace poco a un ser querido. En el coche, llegando tarde, estábamos hablando sobre como orientarnos cuando interrumpí la conversación con una maldición.
“¿Qué te ocurre?” me preguntaron.
“Nada, nada... es que me he olvidado de actualizar mi blog.”
Me sentí estúpido. ¿Preocuparme por algo tan frívolo en circunstancias como estas? Qué vergüenza.
Pero la preocupación seguía allí. Me había propuesto actualizarlo diariamente y no lo estaba cumpliendo.
Y así me volvió a la cabeza una de mis reflexiones más interesantes de los últimos años. Una que siempre me acompaña cuando me enfrento al día a día. No hay que despreciar las pequeñas cosas porque, en realidad, ellas son lo que hila el día a día, la vida de una persona, y no los grandes acontecimientos.
Pero, claro, cuando pasa algo importante, como es una muerte de este calibre, mi argumento solo parece la justificación de un hombre frívolo.
Al final no actualicé, y no ha pasado nada.

sábado, 10 de enero de 2009

Horas fictícias

Tenía un profesor con el que, debido al formato y temática de su clase, podíamos hablar de lo que fuese. Filosofía, literatura, política, religión, arte, urbanismo, historia, música, cine, teatro, novelas, escritura creativa... Y su acierto era que no expresaba sus opiniones, sino que siempre cuestionaba nuestras afirmaciones y las llevaba hasta el absurdo para obligarnos a reflexionar en profundidad. Era un juego divertido, en general, y yo me lo pasé muy bien en esas clases.
Pero, de lo dicho durante esas charlas, me marcó lo que dijo el profesor una vez que sí que dio su opinión. Hablando de televisión, alguien le recomendó ver “Lost”. Su respuesta fue “¡Bah! Ya soy muy mayor, no tengo tantas horas que dedicar a unos mismos personajes.”
Nunca lo había pensado así. Nunca había pensado que las ficciones ocupan tiempo de nuestra vida, que no se recupera, y que conviene que valga la pena la inversión.
Y también me hizo plantearme cuantas veces he visto las películas de “Star Wars”.
Maldita sea.