miércoles, 7 de enero de 2009

El pensament d'estar per casa

La nostra actuació diaria es basa en l’instint. És impossible que, per cada acte, poguem parar i analitzar totes les possibilitats racionals que sen’s plantegen: seriem massa lents per ser efectius. Aquest talent funciona tota la estona, encara que desprès poguem decidir si volem profunditzar. I, sovint, permet prendre decisions encertades sense problemes. “Quin regal li agradarà més?” “Em convé agafar aquest carrer?” “Quin polític d’aquests dos em convenç més?”
És cert que seguir l’instint pot portar a l’error, i aquella noia que ens sembla que ens mirava ens posa la copa per barret. L’instint no ha respost bé a “Tinc possibilitats amb aquella noia d’allà?”
Pero encara hi ha un tercer cas. La nostra ment pot no ser capaç de decidir res. Ni “Sí” ni “no”. Simplement, treu la bandera blanca i es rendeix.
Només ens queda esperar que, si l’intel·lecte funcional, l’instint, no se’n surt, una reflexió profunda i informada pugui arribar a alguna resposta.
“La situació entre Palestina i Israel, què?”

martes, 6 de enero de 2009

Llamadas sin opción

Mi amigo tecnófilo adora los teléfonos móviles, pero lleva unos días sin poder usar el suyo, y ha tenido que recurrir a las cabinas de teléfono. No le gusta. “Llamar cuesta cincuenta y cinco céntimos, pero vas metiendo monedas y al final, como no acepta las de cinco, tienes que echarle de más. Y si entonces no haces la llamada, cuando devuelve las monedas, la portezuela se atasca”. Todo eso, si la cabina funciona, que no suele ser el caso. “¿Cómo permite Telefónica que sus cabinas estén en este estado?” dice, ya harto.
Pero, claro, mi amigo usa cabinas si no tiene otra opción. Como todos. Se encuentra muerto de sed, telefónicamente hablando, en medio del desierto. Y, de pronto, un oasis. Agua embarrada, donde se mezclan los orines y la saliva de los camellos de las caravanas. ¿Pero va a negarse a beber ese explorador extraviado? ¡Claro que no! ¡Tragará agua repulsiva como si se tratase de néctar celestial!
¿Qué necesidad tiene Telefónica de limpiar los orines de camello de sus cabinas?

lunes, 5 de enero de 2009

Dos puños distintos

Dos de mis conocidos comunistas me hacen pensar. Ambos son hombres de edad parecida, padres de familia, y viven en la misma ciudad.
Uno es un taciturno y sesudo. Si se le pincha, habla de política apasionadamente, pero, en general, vive su ideología con discreción absoluta.
El otro es efusivo y parlanchín. Cuando habla de política, lo hace a todo volumen, a base de chistes y machaconería, recurriendo a opiniones de eruditos a los que conoce gracias a su sociabilidad. Pero, viendo como vive, la cosa chirría. Una gran casa, ropa cara, ordenadores cada vez más potentes, pantallas más grandes, altavoces más ruidosos...
De haber una revolución proletaria, el primero podría unirse a los sublevados con un saludo y un pequeño gesto con el puño.El segundo haría lo que un viejo vestido de adolescente, que pretende salir de fiesta en el local de moda entre los jóvenes. Pero no estamos hablando de salir de fiesta. Una revolución es cosa seria, y las consecuencias de estar donde no te toca, también.

Todd y Toby

Tengo amigos comunistas.
Sí, también tengo amigos de izquierda moderada y amigos de centro. Algunos que tiran hacia la derecha y otros que rozan el ser facha. Tengo amigos más bien progresistas, amigos democristianos, amigos reaccionarios y amigos retrógradas. Tengo amigos españolistas y también amigos catalanistas. Tengo amigos despistados, con una ideología difusa y sin sustancia. Amigos desengañados por la política, que reniegan de ideologías. Amigos flower-power y amigos militaristas.
Pero no quiero hablar de ninguno de estos. Los que me interesan son mis amigos comunistas. Porque somos amigos, buenos amigos, y compartimos muchas vivencias, muchos ratos, muchos sentimientos... Pero lo hacemos en tiempos de paz. Como en la amistad disneyana de un pequeño zorro y un perrito cazador, cuando el enfrentamiento no existe la amistad es posible.
¿Pero qué ocurrirá cuando la situación cambie? ¿Si degenerase en revolución, cómo sería posible la amistad cuando, como burgués, soy el enemigo?

sábado, 3 de enero de 2009

Observatiorio musical

Los sábados, VH1 emite un programa inacabable de videoclips. Un top 100 de cuatro horas con videos agrupados según un tema, que hoy era “canciones alegres”.
He empezado a verlo en el número 22 del ranking, y me he enganchado al comprobar que todo eran canciones de los setenta y los ochenta, con algún éxito sesentero infiltrado. Sólo ha habido dos más modernas: “Groove is in the heart”, de 1990 y “Crazy in love”, de 2003. La primera no cuenta, adoptaba un estilo retro. La segunda ofrecía imágenes de Beyoncé que alegrarían seguro a más de uno... Y a Jay-Z, que quema un coche con alguien dentro y se dedica a rapear frente al auto en llamas. Que alegres momentos.
Solo he visto las 22 canciones que encabezan el top 100, pero parece que los noventa fueron deprimentes. O, al menos, sus canciones alegres no son bastante buenas para figurar en lo alto de la lista. Me crié en los noventa, y no puedo evitar preguntarme una cosa. ¿Nos habrá afectado este clima deprimente a mí y a mis coetáneos?

viernes, 2 de enero de 2009

Apostar por lo profano

“Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta de la vida”. Es un anuncio de la Unión de Ateos y Librepensadores de Cataluña.
Al principio, no me ha gustado la base del mensaje: Dios causa preocupación. Pero pronto veo que no se equivoca, hay cientos de personas que viven su fe como una fuente constante de preocupación. Si no cumplen la lista de prohibiciones, el temible Dios castigador los mandará derechitos al infierno.
Así pues, ¡Bienvenida sea cualquier iniciativa que pueda aligerarlos de esta carga! Quizás la Iglesia podría plantearse promocionar esta campaña, para sacarse de encima a supersticiosos y meapilas.
Pero sigue siendo un eslogan mal planteado. “Probablemente”, dice. Como los creyentes afirman que Dios existe, estos ateos han optado por no defender nada tajantemente en la campaña.
¿Encontrarán entonces a personas dispuestas a arriesgarse? ¿Y si “disfrutan de la vida”, la palman, y se encuentran con un Yahvé cabreado esperando en el otro barrio con un bate de hierro?

Cafetería tabú

Los temas de las charlas de café son siempre los mismos. Por un lado, los clásicos cotilleos y anécdotas cotidianas. Por el otro, comentarios sobre la sociedad, política, ética y religión.
Quienes me conocen, saben que detesto tratar esos últimos. Aunque al oírlo por primera vez, suelen mirarme extrañados: esta clase de discusión forma un porcentaje muy alto de la relación social en el día a día. Algunos incluso preguntan. “¿Por qué?”
Respondo que “no sé, me pone nervioso”.
La mayor parte lo acepta como una pequeña excentricidad. Pero hay algunos que no están dispuestos a permitirme desechar este pilar de la interacción diaria sin un argumento. Se ponen profundos y sentencian. “Pues esta clase de conversación ayuda a saber cómo son realmente tus amigos”.
¿Me interesa saber que mi interlocutor aprueba la pena de muerte? ¿Que su postura sobre el aborto es contraria a la mía? ¿Que cree que mi partido político es un órgano del mismísimo Satán?

¿Si ya somos amigos, por qué echarlo a perder?