Con un carámbano en la nariz, envuelto en mantas, el aliento se congela ante mis ojos. El hombre del tiempo dice “Mañana las temperaturas bajarán diez grados”. Suspiro. Pero ellas no. Ellas llevarán jersey, pero con un gran escote sobre el que se posará, tímidamente, una bufandita. O, si no, cuello alto... pero el resto de la prenda será bastante corta como para que, con ciertos gestos, el ombligo se asome a saludar. ¿Pantalones? Sí, con dos dedos de pernera, y, debajo, unas simples medias. Eso, claro, el día que la minifalda no combine. Manga corta, chaquetas testimoniales, vestiditos y leotardos... Son heroínas modernas, y creo que es justo reconocer sus méritos. Este artículo que escribo hoy va dedicado a todas esas sacrificadas contemporáneas, esas bravas Hipólitas que desprecian al frío gélido y al hombre del tiempo para permitir que, a los demás, nos suba la temperatura.
Muchas gracias, lo digo de corazón. Aunque no esperéis que salga de debajo de mi manta. El frío, para vosotras.
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jueves, 22 de enero de 2009
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